Geraldine Doyle, la mujer que prestó su rostro a “Rosie, la Remachadora” en el póster que se convirtió en la imagen femenina de la Segunda Guerra Mundial y que luego se convirtió en un ícono de la revolución feminista, falleció el pasado domingo en Michigan a los ochenta y cuatro años.
Doyle, inspiró el rostro del dibujo “We Can Do It”, en el que la protagonista, con un pañuelo atado en la cabeza, se sube las mangas como para mostrar sus músculos y así demostrar que las mujeres también podían colaborar con su patria en el conflicto bélico del momento.
Por ese entonces, Doyle tenía apenas diecisiete años y era unas fotografías suyas sirvieron de inspiración al artista J. Howard Miller, autor del cartel posteriormente convertido en uno de los grandes iconos de la época.
La verdadera Geraldine Doyle, según ha declarado su hija Stephanie Gregg al diario “The New York Times”, estaba lejos de tener unos bíceps desarrollados. Por el contrario, afirmó Gregg, su madre era muy delgada, de labios hermosos y las cejas arqueadas, pero no tenía mucho de la mujer fuerte que aparecía en el cartel.
Según “The New York Times”, la mujer desconoció la existencia del póster hasta 1982, cuando vió la fotografía en una revista y se reconoció.
Doyle tuvo cinco hijos, 18 nietos y 25 bisnietos. Los funerales tendrán lugar el próximo martes.
Rosie, la Remachadora o Rosie, the Riveter en inglés, pasó a ser ícono cultural de Estados Unidos que representa a las mujeres que trabajaban en fábricas durante la Segunda Guerra Mundial, produciendo municiones y suministros bélicos. A veces, estas mujeres aceptaban empleos totalmente nuevos, tomando el lugar de los hombres que estaban combatiendo en la guerra.
La frase "Rosie the Riveter" fue utilizada por primera vez en 1942 en la canción del mismo nombre escrita por Redd Evans y John Jacob Loeb. La pieza fue grabada por varios artistas, incluyendo al líder de banda Kay Kyser, convirtiéndose en un éxito a nivel nacional. La canción describe a Rosie como una incansable trabajadora que hace lo suyo para ayudar en el esfuerzo estadounidense durante la guerra.
Aunque las "Rosies" de la vida real se encargaban de las labores dominadas por los hombres durante la Segunda Guerra Mundial, éstas esperaban volver a sus actividades hogareñas cuando sus maridos regresaran del combate. La mayoría de ellas optó por retomar su rol como ama de casa. Algunas consiguieron empleos tradicionales y otras continuaron trabajando en fábricas






